Segundo Fuérez es cineasta y animador kichwa proveniente de la comunidad de Yambiro. En su producción fílmica, siempre ha trabajado desde la experimentación, mezclando géneros y creando un entorno de trabajo íntimo a partir del vínculo familiar. Se graduó de director de fotografía para cine y televisión en INCINE después de haber ya realizado varios cortometrajes de manera autodidacta. Fue partícipe en el taller de cine organizado por RUPAI en el 2011 y formó parte del Laboratorio Runacinema y del equipo técnico del largometraje Killa. Actualmente es fundador y director de RUNAnimation, un estudio de cine y animación que, desde hace 15 años, desarrolla y crea procesos para contar historias desde las comunidades con pertinencia cultural a través de la combinación de las técnicas tradicionales y digitales del audiovisual. En el 2025 se estrenó su primer largometraje de ficción, Puka Urpi (Pájaro rojo). En esta entrevista nos habla sobre su visión del cine y su trayectoria.
Portafolio: https://segundofuerez.wixsite.com/segundofuerez
Gracias, Segundo, por tu tiempo. Entonces, cuéntame un poco sobre cómo decidiste dedicarte al cine.
Intentaré no hacerte la historia muy larga. Yo creo que empecé desde mucho antes. Desde mi niñez. Desde la necesidad, de la pobreza. En mi niñez, no teníamos electricidad y por ende nunca tuvimos televisión. Por eso, al ver por primera vez una televisión en la escuela, fue tan sorprendente que eso me impactó, el profesor nos mostró una película animada de dinosaurios para explicarnos sobre la teoría evolutiva del universo. Ver esos dibujos moviéndose como si tuvieran alma y hablaban y hacían emocionar, y todo sucedía en esa cajita que se iluminaba de colores. Yo quería entrar en esa caja, ingenuamente me preguntaba cómo hago para ingresar ahí, creo que ese encuentro mágico sembró en mí esa inquietud, esa pregunta; a lo largo de los años fui como buscando esa luz a través de garabatos a lápiz en mis cuadernos de escuela, quizá no fui consciente de esa búsqueda. Ya en mi adolescencia empecé a investigar por mí mismo en el internet, apenas me enseñaron a usar una computadora en el colegio, y la profesora nos enseñó sobre el internet, recién iniciaban los cyber cafés y me quedaba ahí algunas tardes, no había internet libre como ahora. Y toda la información salía en inglés y yo no entendía nada, solo veía las pocas imágenes que acompañaban, me obligué a aprender poco a poco algunas palabras leyendo información que venía desde el exterior, de Hollywood. Paralelo a esto, mi hermano había comprado una handycam y él ya grababa videos de matrimonios y había intentado grabar un cortometraje sobre una historia oral, él me incluyó y así grabamos una película, habré tenido 17 o 18 años, en ese entonces estábamos felices con el resultado, viéndolo ahora, tiene demasiados errores y no sé si se podría llamar película.

Fotografía de mí, a mis 17 años, un día mientras subíamos a la montaña a grabar. Foto de mi hermano José Fuérez. Reproducción con permiso de Segundo Fuérez.
Lo hicimos empíricamente, mi hermano grababa, nuestros familiares y vecinos actuaban, y yo escribía, dirigía, actuaba; antes no conocíamos de los diferentes roles y departamentos del cine.


Mi hermano José Fuérez ( saco café) y el grupo con quienes filmamos la primera película en 2007. Reproducción con permiso de Segundo Fuérez.
En el 2008 cuando ya estaba estudiando una carrera de Administración de Empresas, en una materia que se llamaba marketing, teníamos que hacer una tarea de una campaña social. Entonces ahí me nace la idea de hacer un cortometraje en animación para concientizar a la gente, a los jóvenes y niños. Y nace mi primera obra audiovisual que es una animación dibujada en 2D sobre una gota de agua. Y esta animación se estrena en 2009 en algunos festivales y ganó premios. Mientras sucedía todo esto, en el mismo año, mi mamá fallece y eso me marcó, anhelando mantener aún viva sus historias, sus consejos y sabidurías decido caminar en el cine y desde ahí sigo intentando tejer, cada obra audiovisual es un fragmento de mi madre, intento que siga viva de alguna manera.
Increíble. Entonces, ¿cómo surgió la idea de esa primera animación y cómo te impactó ese recibimiento también?
Sí, bueno al inicio, yo no tenía conocimiento exacto de cómo es el procedimiento, el flujo de trabajo de hacer cine, de la animación. Simplemente uno quería contar una historia para llegar a la gente y en ese trabajo específico, como la idea era hacer una campaña y concientizar a la sociedad sobre el ahorro, el buen uso del agua potable, yo inventé el personaje de una gotita de agua que nace de las nubes y cae a la tierra contaminada y seca. Quería empatizar y encariñar, llegar al público infantil. Y así empecé a escribir una especie de guion, no sabía cómo escribir un guion, sólo eran como ideas y apuntes y luego bosquejos, me entiendo más con los garabatos. Siempre he trabajado directamente dibujando las ideas, los planos que quiero hacer. Siento que las palabras no me fluyen, no me puedo explicar, pero puedo rayar y rayar buscando una imagen.
Making of Yaku Wiki:
¿Lo visualizas antes de escribir?
Lo visualizo, lo visualizo una y otra vez, me imagino mucho, armo las escenas o planos en mi cabeza. Me costaba mucho escribir en palabras. Era más fácil dibujar cómo quiero ver que explicar en palabras. Ahora intento aprender las palabras. Pero antes no. Entonces de esa manera nació como una tarea de la universidad. Pero no pude entregar a tiempo porque lleva mucho tiempo hacer una animación, y cuando ya me dieron la fecha para presentar el trabajo, solo tenía la idea y unos bosquejos del personaje y escenarios, pero después seguí trabajando por mi cuenta y terminé el cortometraje que dura como 10 minutos.
Link al cortometraje: https://youtu.be/LdBuipdALSA?si=q9uqPXrwSMAWwnZA
Entonces eso fue una educación también para ti, me imagino, ¿no?
Totalmente un autoaprendizaje. Pasaba viendo, buscando información, leyendo, ¿cómo hacen esto? No tenía conocimiento de nada de programas que se usan para la animación, editores de vídeo, nada, nada, nada, pero yo pasé investigando, autodidacta total. Tampoco tenía computador. Y una vez mientras estudiaba intenté como pedir computadores a alguien y así poco a poco iba trabajando y por eso creo que igual me demoré algunos meses o años incluso a terminar ese cortometraje. Poco a poco. Y después escuché de un festival, no sabía cómo estrenar entonces y entre investigaciones me enteré que había un festival aquí en Ecuador. Y dije, probemos. Lo inscribí. Y me respondieron que ya aceptaron, no sabía qué podía pasar, después me invitaron para la premiación. Yo no me fui a la premiación porque no, dije no, no sabía muy bien de qué servía estar en un festival. Tampoco creí que sucedería mucho, quizá no lo valoré lo suficiente, pero sobre todo no pude porque tenía clases. Mi hermana y mis sobrinas se fueron en representación, desde el principio siempre me apoyaron ellas.

Afiche. Reproducción con permiso de Segundo Fuérez.
Porque eran los dibujos que ibas haciendo durante mucho tiempo, ¿no?
Sí, sí, exacto. Entonces nunca pensé hacer como una carrera de cine, con esa obra, no; solo quise hacer y tampoco pensé tener una buena aceptación de la gente…
Pero lo tuvo.
Lo tuvo sí, ganó. En este festival justamente dieron un premio a la mejor animación experimental, no sabía qué significaba eso. ¿Por qué ponen experimental?, si yo no hice experimentos, pensé.
Video de la premiación:
No sabías que tu trabajo era experimental hasta que te lo dijeron, ¿no?
Hasta que me lo dijeron que es experimental, sí. Y luego este premio, de este festival llevó a participar en otros festivales más, había gente que vio en este festival y dijeron nosotros también queremos ver en este otro festival y me escribían. Y así empezó a recorrer. Y eso por ese trabajo.
Entonces eso te cambió un poco la idea del valor de lo que hacías, me imagino, ¿no?
Sí. Yo seguía estudiando la carrera de contabilidad, administración de empresas, pero mientras hacía eso, también ya estaba más inmiscuido en el mundo audiovisual. Intentaba buscar quién más está haciendo, dónde y eso, y luego conocí… Ah después de eso, no, antes de hacer la animación, yo ya había hecho una película mucho más experimental y mucho más, cómo se diría, sin ningún lenguaje cinematográfico profesional, mucho más precario en todo sentido. Un poco ya te conté al inicio. Tengo un hermano mayor que no estudió, yo estaba estudiando, yo no tenía dinero, pero él trabajaba y había comprado una videocámara casera que vendían en esos tiempos y empezamos a filmar. Todos los fines de semana nos reuníamos entre varios y caminábamos a la montaña para filmar esta película de terror basado en un personaje de una historia oral. Y esta película logró inmortalizar a mi mamá, ella sale en una escena contando sobre una historia oral mientras hace tortillas en el fuego. Después de eso, antes que estrenara la película, ella murió.

Fotogramas de la película. Reproducción con permiso de Segundo Fuérez.
Esta película fue toda una escuela para nosotros. No recuerdo cuántos fines de semana nos tomó filmarla, fueron varios, cuando terminamos de filmar, mi hermano ya tenía también un computador básico con la que sabía capturar y editar videos de eventos sociales que él hacía, también ya había hecho algunos videoclips de un grupo de músicos de su comunidad, entonces sabía un poco, pero era la primera vez que nos enfrentábamos a una película, muchos cassetes y muchas gigas en disco duro. No sabíamos cómo editar una película o montar efectos especiales, no teníamos un computador de mayor capacidad de procesamiento y la de mi hermano no soportó. Recuerdo haber convencido a mi hermana mayor para que me de comprando diciendo que necesitaba urgente para los trabajos del colegio. Mi hermana se hizo un préstamo y se compró un computador más barato, o sea un computador muy básico, no tenía la capacidad para instalar editores y procesar tanta información pesada, por lo que recién editábamos un poco el cpu se nos quemó por forzar tanto. Nos detuvimos unos meses ahí, luego volvió a comprarnos con otro préstamo. Mi hermana se sacrificó mucho. Con esta intentamos ser más cuidadosos, instalamos solo un programa de edición y nos apresuramos en editar y terminamos esa película que duró como una hora y veinte. Y estrenamos aquí en Otavalo. Yo mismo hice una campaña. Sin saber editamos un trailer. No sabía cómo hacer una gigantografía o un afiche. Desconocía de programas de diseño gráfico, entonces en Word, que era el único que más o menos manejaba, hice como un rompecabezas de cómo sacar una imagen gigante y creo que imprimí como 20 o 30 hojas de papel bond, tipo rompecabezas y luego fui pegando con cinta adhesiva hasta completar una gigantografía, luego alquilamos un coliseo de un colegio como a 400 dólares. Pensamos que íbamos a tener mucho éxito, dijimos, vamos a cobrar 50 centavos la entrada y que la primera función se llene el coliseo, con eso recuperamos los 400 dólares. Imprimí también unas pequeñas tarjetas como flyers y entregamos a la gente en la calle de Otavalo hasta que llegó el día del estreno. Ese día planeamos 2 funciones, la primera iba iniciar a las 3pm y la segunda a las 5pm. En la primera no llegó nadie, bueno es muy temprano, seguro llegan para más tarde, dijimos. Y no llegó nadie. (Risas). No llegó nadie. Pasaron 10 minutos, pasaron 15, 20. Nadie llegó. A la media hora creo que llegaron como dos personas y como ya 35 o 40 minutos atrasados decidimos proyectar igual, pues estaban cuatro personas. Presentamos y al finalizar la proyección habían llegado como 10 personas en total. De entre esa gente había venido una persona que había escuchado de este estreno y que quería grabarme como un reportaje.
Reportaje que incluye el Trailer de la película:
Película completa:
Y esa era una persona que ya había estado estudiando cine en un instituto de Quito, él se llama José Espinosa. No sé si le hiciste una entrevista también. Entonces, a él le conocí por primera vez en ese estreno. En el reportaje que él me hizo se puede ver a mis espaldas el afiche de varios papeles.

Fotomontaje que se realizó para la gigantografía y también boletos de entrada. Reproducción con permiso de Segundo Fuérez.
Desde ahí mantuvimos contacto y me contó que también había otras personas en el cine, él me habló de Alberto Muenala. Me dijo que hay escuelas de cine para estudiar y que él justamente está estudiando. Entonces después de todo eso hice el cortometraje animado del que ya te conté. Joshi había creado un programa de becas en el instituto en que él estudiaba y me invitó, me dijo: voy a hacer un taller de cine aquí en Otavalo, ven. A mí me interesaba, fui y pasamos aprendiendo. Creo que era un taller de unas semanas en donde lo teórico duraba muy poco, vimos películas y analizamos, tuvimos taller de expresión corporal, y me gustaba. Al final de todo rodamos un cortometraje. Me eligieron para actuar en este trabajo. El cortometraje se llama Maytushka, que está en YouTube, donde yo actué. A las personas que estaban más activos durante el taller, digamos, nos dieron dos becas para estudiar en ese instituto. Era una para estudiar dirección y actuación y otra para estudiar fotografía y sonido. Yo quería la beca para estudiar dirección y actuación, pero me dieron una beca para estudiar fotografía. Entonces yo dejé la carrera de contabilidad y me fui a estudiar allá en Quito.
Link a Maytushka:
Guau, entonces, eso fue como lanzarte al riesgo también.
Sí sí, totalmente, porque ya estaba en la mitad de la carrera de ingeniería en administración de empresas, donde yo había estudiado casi tres años.
Y entonces, ¿cómo fue tu visión de lo que querías hacer con el cine en ese momento? Porque, o sea, la organización que llevas ahora es RUNAnimation, ¿no? Entonces tiene ahí como un aspecto de pensarse ya como un cine kichwa, un cine propio, digamos. ¿Eso, siempre fue así? ¿Como fuiste desarrollando esas ideas?
Como concepto nunca pensé en que tiene que ser cine kichwa, o no. Porque yo siempre he tenido un conflicto humano de encasillarnos, de separarnos por grupos. A mí me pareció que esa separación crea un contra racismo. Es que ellos, los conquistadores, los colonos, ellos nos hicieron esto, entonces ahora es nuestro tiempo… Para mí nunca fue eso. Aunque también entiendo que sigue habiendo el racismo, el clasismo, la segregación desde los, entre comillas blancos de sangre azul, yo mismo las he vivido desde mi niñez hasta ahora, pero eso no significa que yo me voy a vengar o hacerles lo mismo. Yo dije, ahora estamos en un nuevo mundo en donde todos debemos compartirnos como seres humanos, ya no como grupos étnicos, grupos culturales, sino como seres humanos que estamos en el mismo planeta. Quizá algún día lleguen seres de otros planetas, digo, ahí vamos a ver que todos somos iguales, todos somos de aquí. Yo siempre tuve esa visión. Lo que sí, tal vez inconscientemente, es que me sorprendía mucho cuando ya empecé a ver en los programas de televisión, en las series que pasaban, las animaciones; yo nunca pude ver, digo, todos eran unos niños de un estándar de belleza, de cabello rubio y corto hablando español, comiendo comidas que no se comía acá en el campo, haciendo actividades ajenas a las nuestras. Y yo digo, por qué no puedo ver un indígena así con cabello largo en los dibujos animados también, haciendo las actividades agrícolas, hablando el idioma de acá, pastando la oveja, pero no, ¿por qué nadie hace? Entonces eso me extrañaba. ¿Por qué no hay una casita de tierra con un niño con poncho en un pajonal comiendo ocas? Eso también es parte de este mundo y no está mal que tenga otro aspecto. Una animación sobre eso nunca pude ver. Entonces eso también fue un detonante para querer hacer la animación. Pero esa idea se potenció cuando yo… Murió mi mamá, entonces.
Yo perdí a mi papá cuando tenía 6 años, desapareció. No tengo ninguna foto de mi padre, solo recuerdos fugaces en mi mente. Es una historia totalmente misteriosa hasta ahora, porque un día salió a la ciudad a hacer compras, nunca volvió a casa; salió de casa sin nada, solamente la ropa puesta y desapareció. Yo tenía 6 años y a mí me queda marcado porque yo hubiese querido aprender mucho de las actividades que mi papá sabía. Él era un músico, artesano, agricultor, tejedor, carpintero, era un hombre de ritual, era un sabio, todo, todo eso. Él construía los instrumentos musicales. Y nunca pude aprender, además mi mamá sufría mucho por esa pérdida. Pasaba llorando y era como… ella pasaba llorando y me dolía mucho escucharla, tengo grabado la imagen y su voz cuando declamaba frases como poesía sobre mi padre mientras lloraba entre los maizales cubiertas de neblina: imashpata sakiwankiyari, maypita purikunkiyari, ña tikramuyari, paktami kashun nirkankika, esas frases decía llorando. Y por tristeza mi mamá murió unos años más tarde. Entonces desde que perdí a mis padres…
Esta es una experiencia muy fuerte, para un niño, un adolescente, son etapas de la vida que te marcan mucho.
Sí. Exacto. Entonces mi papá, yo recuerdo que me contaba muchas historias orales. Mi mamá también. Que cuando murieron y desaparecieron, a mí me pareció muy importante rescatar o buscar una herramienta para inmortalizar esas palabras, esas historias que me contaba, esas enseñanzas en general que nos transmitía y ahora la memoria me lo quiere quitar, no tengo a nadie que me los siga contando. Entonces desde ahí, para mí, es importante la herramienta del cine para tomar esas palabras o mis recuerdos y transformarlas en el cine e inmortalizarlas. Ésta es mi motivación principal para hacer cine. Quizás antes quise hacer desde mis inquietudes de haber visto por primera vez la televisión, pero no era algo muy importante, no era algo que sí o sí tengo que hacerlo. Ahora casi todos mis trabajos están enfocados en eso. En las historias orales, las sabidurías que me han transmitido. Ahora mismo estoy haciendo una película inspirada en una historia oral que me contó mi mamá.
Volveremos a este largometraje, sí, quiero saber más de eso, pero volvemos. Bueno y, de manera más general no, porque sí, o sea, yo te quería preguntar más sobre esto y lo que estás contando tiene mucho sentido, no, en términos de tu enfoque dentro del cine porque, hay como podemos decir tres ejes, no, que me interesan mucho. Y están presentes en todo lo que he podido ver hasta ahora, no.
Perdón, ahora me acordé de lo que me preguntaste, y creo que no te respondí sobre si yo ya pensé en marcar como cine kichwa. Para mí, claro, esa conexión fue más personal, es más una motivación íntima de hacer cine. Sin intención de hacer un cierto tipo de cine. Nunca dije: yo voy a hacer cine independiente, cine comercial, cine indígena… nada. Nunca me pregunté, ni sabía qué tipos de cine había. Simplemente quise inmortalizar las palabras, la sabiduría de mi mamá, de mi papá a través del audiovisual. Y pues, lo que venga, si es que esa película logra ser independiente, tendrá su propio camino. Si logra ser comercial pues mejor aún, porque el dinero es lo que hace falta para hacer películas, ¿no?
Claro, claro o sea que realmente es un trabajo, por necesidad casi de amor, de nostalgia y de duelo de alguna forma.
Exacto, para mí el hacer cine es un proceso de duelo, de nostalgia, poder materializar las palabras de alguien que pronto se desvanecerán en el viento para que futuras generaciones aún la puedan apreciar, así alargar la presencia de mis padres, seguir reviviendo cada instante con ellos y no se me olvide, porque la memoria es muy frágil. Para mí, el cine es una costura de parches de instantes, como un frankeinstain. Uno, mientras avanza la edad, va olvidando porque ahora mismo ya no recuerdo mucho. Tengo memorias muy fugaces de mi niñez. Pero creo que hacer esas películas me quedan para la eternidad. Por eso también intento escribir a veces. Tengo muchos apuntes, igual escribo frases pequeñas de recuerdos o sueños a manera de prosa, sobre todo rayo. Estos recuerdos fugaces de mi papá de cuando llegamos a la montaña a recoger madera para hacer platos o juncos para tejer cestos, cuando le peinaba el cabello a mi mamá, cuando tocaba el arpa o el violín, cuando tejía y se le caía la lanzadera y yo esperaba junto a sus pies para pasarle, cuando se iban con la música a algún entierro y regresaban con muchas frutas y comida. Y alguna vez digo, quizá quisiera hacer una película de todo eso, pero también me pongo a pensar que hacer una película es muy compleja y costosa, es más fácil escribirlos y quizá algún rato publique un libro, pero… la idea para mí siempre es inmortalizar las sabidurías. Hasta este punto, no me importa si necesariamente es cine, puede ser un libro o puede ser una ilustración, un cómic, un bordado, un tejido, un audio.
Y de hecho tu producción siempre ha sido híbrida en ese sentido, ¿no?
Sí exacto, es híbrida. Ajá, pues totalmente experimental como me lo decían. (Risa). No me comprometo a nada, solo mezclo y me gusta arriesgar a caminos que los demás dicen que no debe ser así. Ahora mismo estamos haciendo mucho trabajo con bordado, telas y fibras porque también en las comunidades se está perdiendo el bordado, ahora ya no se borda, la industrialización y las computadoras han reemplazado la mano, la gente ya no está bordando.
¿Y quién hace estos bordados?
Mis hermanas, también otras personas cercanas que desean hacerlo. Yo también hago de todo, quizá la gente dice que soy raro, porque aquí se estereotipa mucho por la cultura machista que existe, dicen: esto no es de hombres, esto deben hacer las mujeres… Yo hago de todo, no me importa que la sociedad me juzgue. Yo cocino, barro, bordo, tejo y uso todo eso en el arte… También debe ser porque cuando mi mamá murió, mi papá desaparecido, yo tuve que sobrevivir solo… tengo mis hermanos, pero ellos tienen su propia familia, soy el último y debo cuidarme solo, bueno, ahora tengo también la responsabilidad de cuidar a mis sobrinos. Tengo una hermana soltera, madre de dos hijos que están estudiando, su mamá no tiene un sueldo y como no tienen papá que le ayude en los gastos de vida, yo debo suplir esa necesidad y me gusta apoyar, aunque no tenga ni para mí.
O sea que tú tuviste que tomar el papel de alguna forma del papá y de la mamá, ¿no?
Sí, bueno, solo apoyo un poco y sí los quiero como a mis hijos, ellos no sé. Me gustaría apoyar más, pero la vida es dura.
Y es interesante porque unas de las cosas que te quería comentar es que en el mundo en el que se mueve tu producción, tus animaciones, pero también los cortos, es un mundo muy femenino, también. Con una concentración en la madre también y curiosamente el niño es una niña, muchas veces, ¿no?
Muchas veces sí. De eso no era consciente igual. Casi siempre cuando empiezo a desarrollar una idea para hacer cualquier cosa, tal vez un corto, una película, lo que sea, el personaje que se me viene a la mente es una mujer, es una niña, una mamá, una abuela. Y después empecé yo mismo a cuestionarme la razón y dije, claro. Creo que tiene que ver mucho con cómo crecí, en el entorno que crecí, porque, perdí muy temprano la figura de mi papá, estuve más involucrado con mi mamá y mis hermanas. Y además en un cierto punto, cuando era más consciente, ya en mi adolescencia, mis dos hermanas mayores eran madres solteras y tuve que ayudar a cuidar a mis sobrinas mientras mis hermanas tenían que salir a trabajar para buscar dinero. Desde ahí, empecé a cuestionar este rol de los hombres que dejan embarazadas a las mujeres y desaparecen, y reflexionaba, también soy hombre y yo no quiero ser así. Entonces empecé como a odiar un poco a los hombres, pero luego aprendí que simplemente no tengo que ser así, debo ser distinto. Y desde ahí también creo que vienen los elementos para crear personajes en el arte, para mí ha sido más importante la figura femenina, los personajes femeninos en general porque así es la Naturaleza, la madre naturaleza que nos permite vivir. Quiero dar un valor imprescindible a la mujer hasta en esos sencillos momentos cotidianos en donde pareciera que no sucede nada.

Única foto de mi infancia. A la izquierda mi mamá, después Yo, mi hermana y mi otra hermana la que siempre me apoya. Reproducción con permiso de Segundo Fuérez.
Claro, y esa forma de expresión de género que no se reduce necesariamente al cuerpo sexual, por decirlo así.
Ajá. Exacto. Sí, sí, desde esa realidad que me atraviesa ahora soy consciente, ahora busco a propósito los personajes femeninos en mis exploraciones artísticas.
Sí, sí, sí, y otra cosa que me llama mucho la atención es que, y bueno, eso también supongo que en parte explica la elección de la animación, no, pero hay como un interés en el mundo infantil, digamos.
Sí, porque también quiero compartir un pedacito de todo lo que se vive y se cree en las comunidades con las mentes más jóvenes, sensibilidades sin contaminación, que ellos crezcan sabiendo la variedad de culturas, sabidurías que existen en el mundo, y así es más bonito. Con esa idea he pensado que esta herramienta de la animación puede ser un puente para llegar a un público más joven. Creo que los adultos ya estamos cuadrados con todas las concepciones según cómo nos han criado. Hablando del racismo, por ejemplo, un adulto de 60 o 70 años, que cambie su forma de pensar es difícil, porque ellos ya crecieron con su propia concepción de acuerdo a lo que vivieron en su época, pues seguirán siendo racistas hasta su tumba. Yo conozco algunos viejitos que son así. Por eso para mí es importante trabajar para la niñez, aquellos que están todavía frescos, todavía su mente no se llena de complejos, todavía están libres, si a ellos les mostráramos un contenido más variado, en donde… Si pasáramos en la televisión producciones también del campo, donde vean esta variedad de etnias, culturas, conocimientos, ellos van a normalizar eso, y cuando sean grandes no van a sorprenderse y decir qué extraño eso, por qué pasan esos indios o esos negros, que feo idioma y todo esto que surge en este conflicto social. Entonces, yo siempre he querido trabajar para la infancia porque creo que es necesario llegar a esas mentes aún inocentes del mundo. Que crezcan sabiendo de la variedad y riqueza, y en el mundo se pueda convivir mejor, quizá.
Entonces, podemos decir que es un cine de amor, de nostalgia, de duelo, pero también de curación de alguna forma, ¿no? De rescatar algo por una generación más joven que tú, de alguna forma, tuviste que aprender, digamos, de la manera más dura, ¿no?
Sí, bueno, no sé si curación, más bien un proceso de conciencia de la diversidad que existimos e intentar convivir respetuosa y equilibradamente con cada grupo humano y la naturaleza, son preguntas constantes no solo para mí sino también para la sociedad en la que vivo y la que viene. Hay colegas que tienen sus colectivos que trabajan desde el contra racismo, se menciona mucho que hace 500 años nos vienen dominando, ahora es nuestro turno de dominar, incluso lo dicen así, yo me pregunto ¿por qué queremos dominar? Si es que hiciéramos eso, acaso no estamos siendo lo mismo que ellos. Quizá ese no es el camino. Todos somos seres humanos, colegas, hermanos, deberíamos compartir lo que cada uno somos, distintos; compartirnos y aceptarnos, eso sería lo ideal. Y para eso debo seguir mostrando estas inquietudes a través del cine. Yo no quiero, yo no quiero que nos sigamos separando por grupos, decir que los indígenas o aquel otro grupo es mejor que otro, no. Por eso, ahora más consciente, intento en mis producciones estratégicamente empezar las historias con personajes femeninos, pero que no directamente usen elementos indígenas. Porque sé que la sociedad, solamente con ver un afiche con una indígena dice, ah, no me interesa esa película. Ese rechazo ya está impregnado inconscientemente, me refiero a ese otro público que no está en el mundo del arte. Por eso yo intento que los afiches se vean como más normal o aceptado en esta sociedad, como, una niña blanca o imágenes que no evidencien directamente lo indígena, porque eso los distancia, marca barrera con ese otro espectador. Entonces, en esta película que estoy haciendo, por ejemplo, es una niña con vestido citadino que empieza la historia, obviamente la fisionomía de la niña lo delata porque es más trigueña, más negrita y todo, pero está con un vestido, entonces quizá ya no es una barrera visual muy marcada, alguien quizá se interese en ver de qué se trata. Y después en la película poco a poco vas descubriendo que ella pertenece a este otro mundo también, el idioma, la comida, los pensamientos…
Me interesa este aspecto, porque es como que quieres llevar a tu público por un viaje que es una lección también.
Sí y quisiera… mi objetivo siempre ha sido, como te digo, llegar de manera pacífica, invitándole a ese otro público que no lo ve. Porque la gente que le interesa, la gente que de alguna manera está relacionada a la cultura indígena o el arte, sea mala o buena, va a querer ver. Pero yo quiero llegar a esa otra gente que no quiere ver las películas indígenas, que solo consumen superhéroes de Hollywood.
Porque además es buena la película.
Exacto, yo quiero que esa otra persona vea que también hay diversidad y que hay que aceptarlo, y quizá le llegue a gustar. Entonces mi objetivo es eso y que no me bloqueen al inicio con solo ver un frame, que le den una oportunidad de ver estas otras historias. Quisiera hacerlo, quizá es algo utópico, pero quisiera hacerlo.
Bueno, antes de empezar con, o sea, porque yo realmente quiero llegar al nuevo largometraje, no, pero hablemos de tu cortometraje Kuychi Pucha.
Ah, lo del taller, sí.
Claro, eso salió del taller y cuando estabas estudiando todavía, me imagino, en la carrera de cine.
Todo esto era en el 2010 o 2011, no recuerdo bien. Antes de eso, yo junto a mis familiares y amigos, ya había hecho la primera película que la llamamos “El regreso de la Chificha”, del que te conté al inicio, la hicimos en 2007 y el 2008 ya la estrenamos. Y este mismo año inicié el cortometraje animado que logré estrenarlo en 2009. Y lo del taller de RUPAI fue después.
Claro, o sea que ya tienes esa trayectoria.
Después del estreno de “El regreso de la Chificha”, Joshi me habla de Alberto Muenala y otros. Y cuando ya estuve estudiando en Quito, en primer semestre de INCINE, bueno antes ya habíamos reunido y creo que en esas reuniones ya había nacido la idea de formar un colectivo, el de Runacinema. Ya nos conocíamos. Cuando estoy en Quito estudiando, ellos también habían organizado un taller de cine en RUPAI.
O sea que tú ya fuiste allí como cineasta de alguna manera, ¿no?
Bueno en primer semestre no tenía nada aún, solo tenía una intención. Y ellos terminaron el taller y me dicen que van a hacer como trabajos finales, unos cortometrajes. Entonces ahí Alberto Muenala me invita, me dice, ¿por qué no participa con un guion, con su idea? Aquí tenemos los equipos y como trabajos finales del taller vamos a producir, me dice. Y yo dije, buenísimo, de una, porque yo no tenía cámara, yo no tenía equipos ni computador, nada. Fue una oportunidad que se abrió para producir ese cortometraje. Como ya había realizado un corto animado, tenía aún ese bichito de hacer otro corto animado, ya tenía escrito algo pequeño y había hecho unas pruebas de animación de un plano, tenía hecho un story board. La historia tenía que ver con la muerte de mi mamá y mi añoranza a ella, aún tenía mucha nostalgia y mucha tristeza, por mi cabeza pasaban pensamientos de volver a reencontrar con mi mamá muerta, entonces… Ahí nace el personaje que sigue por el río al hilo que une con el espíritu de mi mamá que está en otro plano, es como un… ¿cómo se dice? Se me fue la palabra. La niña es como yo, es un alter ego mío. Y se encuentra ahí con el espíritu de la mamá y todo lo que se ve en el cortometraje Kuychi Pucha. Cuando estaba pensado para animación, el personaje se iba llamar Puka y por tanto el título de la película también sería PUKA, no Kuychi Pucha. Si te das cuenta, igual este corto inicia con una niña que no se viste como indígena, sino que está con vestido rojo y poco a poco vamos descubriendo el mundo indígena a la que se vincula. Bueno no sé si funciona mi idea, pero lo hice de esa manera. Y así mismo también es en la vida ahora, somos indígenas y nos vestimos de citadinos.
Corto Kuychi Pucha:
Y tienen todos esos elementos experimentales…
Sí, entonces como yo ya venía desde el mundo de la animación, más o menos sabía cómo funcionaban los efectos especiales. Me interesaba mucho los efectos especiales porque mi prioridad era inmortalizar las historias orales que me contaban mis padres. Y estas historias orales son mágicas, con personajes poderosos y entornos extraordinarios que en la vida real no existen. Y para recrear ese mundo no es solo documentar con la cámara, se necesita trabajos de maquillaje especial, trucos de cámara con la luz o trabajo que debes hacer en la computadora con programas especiales. Entonces empecé a investigar, instalé programas de composición de imagen y modelado 3d, la técnica del stop motion había intentado también probar, aunque sin un resultado aún apreciable, en realidad todo lo que experimenté anteriormente no terminaban tan bien. Pero con todo el proceso anterior de autoaprendizaje, ya me imaginaba cómo funcionaban las cosas de efectos especiales, ya sabía un poco cómo cortar elementos en Photoshop, generar capas en after effects, hacer matte paintings y cosas así. Así en Kuychi Pucha empiezo a aplicar por primera vez, por ejemplo, el arco iris, la lluvia, los niños que aparecen y desaparecen en el ojo de agua. Al inicio quería que las lanas se movieran solas, y tengo una versión de pruebas que hice con los ovillos que saltaban y caminaban como si tuvieran vida, también tengo la versión de prueba de los niños del ojo de agua animados en 2d, pero no lo logré por mi falta de dominio de estos programas, no lo logré y no lo usé en el corte final. Ajá, porque no podía cómo eliminar, porque grabé unos planos con unas hebillas de lana amarradas con un hilo nylon invisible, pero que se veía en la cámara, y pues no sabía cómo borrarlo. Ahora ya sé cómo. Quería borrar, sabía que se podía, pero no podía. Así nace y se hizo este cortometraje en el taller de RUPAI, gracias a los equipos y los compañeros del taller que aportaron para que se pueda tejer esta historia, aunque simple pero demoroso en la realización sobre todo en la postproducción que me tomó casi 5 años.


Fotogramas del cortometraje Kuychi Pucha. Reproducción de las imágenes con permiso de Segundo Fuérez y RUPAI producciones.
Claro, pero cómo fue en este trabajo trabajar y, porque supongo que hay un momento también de pensar, uy, pues estamos todos aquí, de Otavalo, de la zona, no, haciendo todos nosotros de más o menos la misma generación, haciendo cine, ¿no? Distintos cortos, distintos… ¿Cómo fue esa experiencia de ver un poco ese movimiento?
Sí, yo estaba muy emocionado. En el taller programaron varios rodajes, de tal fecha a tal fecha, un corto y después de tal fecha a tal fecha otro corto. Yo participé, creo en un par más aparte de Kuychi Pucha, o sea, en uno hice fotografía y en otra hice… no recuerdo. Pero, no sé, yo quería hacer esto y lo otro, aunque no sabía mucho tampoco, entonces pensaba en aprovechar el mayor del tiempo posible en crear la obra audiovisual. Desde mi realidad económica, aprovechar el tiempo equivalía a ahorro de dinero, cada segundo que pasaba era un centavo que se iba en el rio. Por eso, para mí era importante moverse todo el tiempo, y quizá ahí, yo no lograba fluir mucho con ellos. Sentía que su ritmo de rodaje era más lento porque se dispersaban muy rápido, se hacían chistes, jugaban, había mucha impuntualidad; está bien divertirse, pero un ratito o entre pausas y no todo el tiempo, más bien hay que estar concentrados todo el tiempo y ahí disfrutar el rodaje, quizá me equivoco, pero así lo veo. Me llevo bien con Frida, pero alguna vez hablamos sobre esto y ella decía que era un choque de escuelas, puede ser, pero para mí siempre es aprovechar el tiempo de rodaje a lo máximo para la creación de esa historia.
Quizás era otro momento de la vida también, ¿no?
Sí, quizá estaban aún en una edad en donde no veían muy en serio el cine. Pero también creo que es la diferencia de las necesidades y el entorno en donde crecimos, eso nos marca una manera de ver la vida en general. Por eso yo siempre quería aprovechar el tiempo al máximo y decía: tenemos que apurarnos rápido, pongamos la cámara aquí, qué viene después de este plano, vamos acá y zas, zas, así.
Trascámara Kuychi Pucha:
Porque ella, la Frida hizo de fotografía, ¿no? Y tiene un talento por la fotografía, o sea, se nota cosas que son interesantes ahí. Pero, sí, fue como que…
Ajá sí, ella estaba en la cámara… La dinámica del taller era rotarnos los roles en cada cortometraje. En ese entonces recién estaba en primer semestre y aún no sabía sobre las dinámicas del cine, y ella creo que estaba en uno o dos semestres más adelante que yo y en la San Francisco, por lo tanto, pensé que ella sabría mucho más y me enseñarían. Cuando ya iniciamos el rodaje no entendía muy bien sobre qué hace un director, pues me tocaba dirigir, y desde ese desconocimiento, al ver que los demás se movían más lento o estaban desconectados de los roles también, entonces empecé a influir en todos los departamentos, decía pongamos esto en el escenario, yo mismo conseguía los vestuarios, decía dónde debe ir la cámara, qué sonidos debemos grabar, en fin, creo que intervine casi en todo porque así sentía que el equipo seguía activo en el rodaje, quizá no debí hacer eso, debí dejar que cada uno haga su trabajo. Pero fue porque no sabía muy bien sobre los roles y dinámicas. Y bueno, en general era interesante porque, de alguna manera todos nos apoyábamos. Nos enriquecíamos opinando inclusive los guiones. Me acuerdo que había como sesiones de analizar los guiones y aportar también. Y yo aportaba desde mi punto de vista, claro, en ese entonces no sé qué dije, cualquier cosa quizás, pero hablábamos.
Y formaste parte de ese Runacinema, que duró un tiempo, ¿no?
Sí, el Runacinema lo formamos después de estos talleres, ahí nos conocimos entre más personas y veíamos que era necesario tener un espacio para seguir ejercitando el hacer cine, un laboratorio que nos permita explorar distintos lenguajes, herramientas, historias, sobre todo que nos permita mantener activos y ganar experiencia práctica. Creo que era el Joshi que estaba liderando o al menos convocaba a las reuniones y lo hacíamos en su casa a veces. Para ese entonces ya estábamos la Frida, el Alberto, el Diego, Joshi, también Humberto Morales que le dicen Pipo, ¿no sé si le conoces? Él también estaba graduándose de la San Francisco e iba a grabar su tesis. Como ya nos conocíamos, me invitó a actuar en su cortometraje.
He estado de actor, de ayudante, de todo en realidad y fui aprendiendo también de la gente que trajo el Pipo, sus compañeros de la ciudad. A mí me pareció importante y me conectó mucho el hecho que hayamos estado entre mestizos e indígenas unidos trabajando por un solo objetivo: el cortometraje. Uno va a aportar desde su propia realidad, por ejemplo, se decía, el actor tiene que hacer este movimiento porque así es en la cotidianidad, el arte tiene que estar con esos elementos o en ese orden porque así es en la comunidad. Y eso me gustaba, que todo vaya sumando sin importar si la persona que lo dice necesariamente haya estudiado o no cine. Al menos eso parece que fue con el rodaje del corto de graduación del Pipo, ya no recuerdo mucho en realidad.
¿Cómo se llama ese corto?
Yachack se llama. También está en YouTube.
Cortometraje Yachak de Pipo (Humberto) Morales:
Y entonces después, tú estableces Runacinema, ¿no?
Y con todas estas cosas de Talleres, rodajes de graduación de otros compañeros, etc., estaba iniciando la idea de Runacinema.
Antes de esto, y después del Taller de RUPAI en Peguche, también hubo otro Taller que hizo RUPAI en Chimborazo y ahí también conocimos a otras personas, un compañero de nombre Awki que también se sumó más adelante en la película Killa de Runacinema.
Extracto video Runacinema:
¿Patricia Yallico también?
Ella, yo no la conocía. Ella creo que tuvo conexión mucho más antes de este taller. Creo que RUPAI y Alberto Muenala ya habían hecho otra experiencia de taller mucho más antes. Y en ese encuentro creo que habían conocido a Rocío Gómez, la Patricia Yallico y otras personas más, bueno de eso no sé, pero yo no conocía aún a Patricia.
¿Mónica Vizarrea?
Sí, ella estaba en nuestro taller, ella escribió un guión, yo hice fotografía de su corto.
video corto de Mónica Vizarrea:
Entonces después de estas cosas empezamos a reunirnos y hablar sobre crear un proyecto cinematográfico desde el laboratorio Runacinema, un largometraje. Ya no solo cortos. Tenemos que unirnos y hacer una historia, apoyarnos entre nosotros. Aquí en Otavalo también podemos. Entre esas discusiones creo que se abrió los fondos del Consejo Nacional de Cine para largometraje. Yo, pues en ese momento era novato, no tenía nada de experiencia. Ellos eran los que más sabían técnicamente, profesionalmente. Yo venía desde un mundo de empirismo y de experimentación. Sí. Entonces ya lanzaron la idea de Killa, la película. Ellos empezaron a escribir y nosotros también empezamos a hacer sesiones donde también compartíamos y opinábamos el guion, y así. Se armó la carpeta, presentamos y ganamos creo el fondo en algún momento, no recuerdo exactamente. Y pues de ahí nació esa película y formamos parte del equipo. Alberto Muenala presentó su historia e hizo el guion, él fue el director. Joshi y yo éramos parte de los eléctricos, como iluminadores y yo estaba como iluminador al mismo tiempo de operador de micrófono. El Humberto Morales, el Pipo estaba de productor. Y así hicimos esa película.
¿Y cómo fue esa experiencia? Porque era un proyecto grande, no, o sea….
Claro, por primera vez un proyecto grande. Creo que hubo algunos aciertos y otros desaciertos en general, como siempre. Sí, por la inexperiencia también de enfrentar a un proyecto más grande.
Sí, por parte de todos, no, o sea nadie había hecho antes un largometraje.
No, de ficción creo que era la primera, y esos aciertos-desaciertos creo que venían marcados de las metodologías de enseñanza de las escuelas quizá como decía Frida, entonces los ritmos y las maneras de proceder en un rodaje chocaba un poco. La mayoría eran de San Francisco, sentí que ahí había un poco de ego, ellos eran los que sabían cómo hacerlo y así debería ser.
¿Había como una especie de elitismo entre las dos escuelas, digamos?
Exacto, entre las escuelas… Los de INCINE éramos básicamente Yo y Joshi. Solo los dos, los otros eran de la San Francisco. Para nosotros era importante estar atentos todo el tiempo, cumplir con los horarios establecidos, dar lo mejor para el objetivo común: la película, mientras que [otros de la San Francisco] se tomaba muy relajado, no se cumplían los horarios, se desconcentraban fácilmente, bueno, también pasa en cualquier otro rodaje quizá.
Pero, fue. Fue una experiencia en que, me imagino que se aprende algo, ¿no?
Claro, todo lo que sucedió en esta película nos enseñó mucho. Al menos para mí, no sé desde el otro lado, pero creo que he visto aciertos y desaciertos que tomo en cuenta para fluir en otros proyectos. Inclusive para saber si seguir en ese grupo o seguir tu propio camino.
Pero eso fue decisión tuya también en parte, no, o sea fue por la dinámica y tal, pero luego dijiste, pues yo ya sigo mi camino, ¿no?
Claro. Es que, a mí, por ejemplo, me molesta mucho el irrespeto en general. Aquí se menciona mucho “la hora ecuatoriana”, entonces atrasarse es muy normal. Teníamos sesiones para dialogar sobre si el guion o lo que sea, pero venían atrasados media hora, 40 minutos, a veces dos horas inclusive y nosotros esperando y luego ni siquiera se disculpaban, llegaban como si nada pasara. Yo viajaba anticipando 4 o 5 horas desde Quito para llegar unos minutos antes a la reunión, inclusive una vez, recuerdo que pagué taxi desde Quito porque veía que no iba llegar puntual, y no es que a mí me sobre dinero, de hecho, creo que soy el más paupérrimo, pero me interesaba, estaba emocionado con la causa del proyecto o colectivo, y tampoco es que yo era quien organizaba, quizá era el menos importante en el grupo. Yo pude hacer algo en mi casa dentro de 40 minutos. Entonces eso a mí me llegó a molestar, no me parecía justo. Yo siempre he intentado ser puntual, aunque a veces por las mismas circunstancias fuera de tu control no es posible. Si se quedaba que la reunión es a las 9 de la mañana y ellos iban a venir a las 10, ¿por qué no me dijeron a las 10 la reunión? Y yo intenté decir que debemos ser puntuales y eso creo que les molestaba. Se justificaban que así es normal, es la vida, es la hora ecuatoriana. Pero tenemos que esforzarnos por cambiar ese estereotipo. Bueno es una realidad aquí en Ecuador, pero creo que debemos esforzar en cambiar eso.
Es una especie de profesionalización de esos tiempos también que buscabas tú, ¿no?
Sí, quizás sí, de aprender más y hacer más proyectos. Además, que tenía que pagarme los gastos mientras estudiaba en Quito y tenía que trabajar también, aparte de mis obligaciones de estudio. Por eso para mí era necesario que se respete los horarios para la reunión.
Pero, entonces, después, ¿qué pasó? ¿Cómo fue evolucionando tu cine después de esta experiencia?
Bueno, después estuve en INCINE, viviendo en Quito. Mucho antes de esto, desde que murió mi mamá, yo salí de mi comunidad y busqué auto sustentarme. Porque mis hermanos ya se repartieron la herencia y botaron la casa donde vivíamos con mi madre.
Qué fuerte, o sea, perder el hogar a la vez que perder a la madre.
Sí. Yo vivía aquí en Otavalo, yo arrendaba un cuarto por aquí mientras trabajaba en una ONG alfabetizando, haciendo unas encuestas y paralelo a eso hice la animación. Entonces, por eso, para mí sí fue muy importante el tiempo. Y los otros compas no veían así, quizá porque no tenían la necesidad de trabajar sí o sí para pagar arriendo y comida, ellos disfrutaban de su juventud, tenían una vida más relajada, y eso está bueno. Pero en los rodajes también se tomaba muy relajado. El llamado era a tal hora, pero no llegaban a esa hora.
Aparte de que, en realidad, en INCINE sí eran estrictos. A tal hora se marca, a esa hora tenemos que empezar. Si no llegaste a esa hora, y si eras, por ejemplo, director de fotografía, pues perdiste ese chance, ya no eres director, se lo daban a otra persona puntual que quiera hacer foto en ese trabajo y como atrasado te quedabas de asistente por ahí.
Y eso es una elección profesional también, ¿no?
Exacto. Entonces si quieres, y era difícil ser un director de fotografía en un proyecto, te elegían por tus atributos, tu entrega y responsabilidad con el proyecto. Y eso te obligaba también a ser puntual. Si te llamaban a tal hora, tenías que estar anticipándote una hora, al menos si es que vives lejos o lo que sea. Debías estar atento a cada movimiento en el rodaje, solo así podías sumar al rodaje. Entonces esas cosas me enseñaron y, pues, creo que eso es lo que más aprendí en INCINE. Participé en algunas producciones allí. Y después, apenas me gradué entré a trabajar en varias cosas porque necesitaba dinero para pagar mi vida. Entonces entré de fotógrafo en una universidad, pero también me iba, de vez en cuando, a hacer reportajes de un canal de televisión, una productora. Hice mucho como técnico de cámara, porque me gradué de fotógrafo de cine. Yo, según el cartón soy fotógrafo de cine, aparte es que hago dirección, animación y los dibujos. Y toda esta actividad multidisciplinaria es la que me ha enseñado para dar paso a la dirección porque aprendo poco a poco cómo se maneja cada departamento. Porque antes era difícil, no sabía cómo es cada cosa, ahora, si alguien tiene problemas de sonido, yo mismo puedo ayudar.
Entonces yo empecé a trabajar en muchas productoras como editor, como camarógrafo. Y luego como me fueron conociendo, empecé a participar en películas de colegas cineastas de Quito. Hubo una época en la presidencia de Rafael Correa que empezaron a crear el canal nacional de tv y pues alimentaban con muchas producciones. Había series de televisión y pude participar en algunas series. Una serie sobre cocina para niños, por ejemplo.
Siempre para niños, ese enfoque.
Ajá, es decir, al menos en producciones que nosotros creativamente y desde el guion podamos influir. Participé en otras producciones que son adultas igual como técnico, pero ahí no se puede opinar mucho en la idea. Hicimos una serie de animación también en stop motion. Se llama Payanga, está en YouTube.
Payanga:
Y luego me metí con estos chicos que eran del mismo INCINE que son de Enchufe TV, no sé si has escuchado. Que se hicieron famosos, creo que siguen siendo famosos mundialmente. Que hacen sketches para YouTube. Entonces yo trabajé con ellos cuando recién empezaban, hacía como multitarea. Era iluminador, asistente de cámara, microfonista. Todo el tiempo pasaba sudando. Cuando decían corte, yo era quien agarra el trípode y ponía esto allá, cuando decían acción yo estaba con el micrófono. Y con ellos, al igual que en todos los proyectos que participé, aprendí más. Porque en el INCINE, me enseñaron como cosas más técnicas de la fotografía, pero no aprendí, por ejemplo, sobre cómo dirigir, cómo dialogar con los actores para lograr algún estado o personaje, etc. Pero en estos proyectos participando profesionalmente fui viendo y aprendiendo. En estos rodajes vi cómo se desenvuelve un asistente de dirección. Había asistentes de dirección que eran violentos y otros que eran muy pacíficos. Y yo fui analizando eso, cómo pueden tener esa capacidad de liderazgo. Y empezó como a gustarme, aunque es un trabajo muy duro mental y físicamente. Poco a poco creo que me fui pasando de lo técnico hacia la dirección en el cine.
Y últimamente estaba participando entre asistencia de dirección y producción. Ya no tanto en lo técnico. Mucho más antes pasé en el departamento de fotografía. Hice dirección de fotografía como de tres películas, que no son famosas.
O sea que es casi como que has pasado por esa parte técnica para llegar a dónde estás ahora, ¿no? De producción y realización. Antes de hablar de tu largometraje, una pregunta sobre algo que vi que me interesó, que era tu trabajo sobre las parteras. Me interesa porque siempre me parece que hay una cierta sensibilidad en tu trabajo por el papel de las mujeres, entonces, te quiero preguntar un poco por este trabajo, pero también más ampliamente, no, sobre esa sensibilidad en tu trabajo.
Sí, de nuevo viene desde esta conexión con mi entorno en donde crecí. Mi mamá era analfabeta, ella no sabía hablar español ni sabía leer ni escribir. Pero yo veía que ella sabía mucho. Yo me preguntaba, ¿cómo es posible que sea considerada por el estado como analfabeta, como alguien que habla un idioma sin valor? Ella sabía mucho, sabía de plantas medicinales, de los ciclos lunares, de la agricultura, de los tejidos, sabía hablar con la naturaleza. Ella me enseñaba todo mientras estábamos ahí recogiendo hierba para los cuyes, cuando estábamos removiendo la tierra para sembrar, cuando nos fuimos a la montaña para traer madera o juncos para tejer cestos. Siempre me estaba explicando sobre las plantas, inclusive a cómo saludarlos. Este se llama cumbari decía, debes decir buenos días compadre présteme el camino para pasar, y sirve para esto y esta planta puedes combinar con este otro, y así. Me enseñó mucho. Para mí, esas palabras, esas sabidurías, era importante inmortalizarlas. Y también dar ese valor que nunca se dio a las mujeres campesinas por esa sabiduría. Ellas lo han ido pasando de generación en generación, sólo por el diálogo, sólo por el habla. Nunca se escribieron, nunca tuvieron un título o un papel que diga ella es la partera. Simplemente ellas saben para la vida, sin necesidad de que alguien le reconozca con un papel, que ahora exigen para decir que supuestamente sabes. Eso me parecía muy triste, no sé, es como… Hay muchas abuelitas que todavía saben, pero son tratadas como algo inútil. Salen inclusive a mendigar por la necesidad y son menospreciadas, tanta sabiduría pisoteada por la sociedad. Mi mamá también salía a mendigar acá. Yo me acuerdo que salíamos, me mandaba a recoger plantas medicinales de las zanjas para ir a vender o cambiar con algún otro alimento. Como no tenía papá, mi mamá me ayudaba para la escuela vendiendo estas plantas medicinales o flores o hierba para cuyes. Entonces yo recogía, salíamos de vender y luego pasábamos por el mercado, por la sección de frutas y recogíamos las naranjitas que ya empezaban a pudrirse y las vendedoras botaban a la basura, nosotros recogíamos de esas para ir a comer en la casa. También los días sábados había matrimonios en la iglesia y nosotros asistíamos para recoger el arroz que votan a los novios, recogíamos del suelo con una escoba con todos los pétalos de rosas y en la casa separábamos y lavábamos el arroz y solo de esa manera nos dábamos el lujo de comer arroz. Recuerdo que, el día que muy temprano me despertaba con el sonido del cucharon golpeando a la olla era porque íbamos a comer arroz, era el día más feliz de mi vida, escuchaba ese sonido y me levantaba saltando y corría a la Tulpa, que estaba ahí mismo a lado de la estera donde dormíamos todos juntos. Todas las necesidades, creo que me han marcado y el valor que ahora le doy. Esta oportunidad y esta herramienta en mis manos que puedo usar para dar valor inmortal a ellos.
Entonces, hablamos de tu largometraje. Que también comparte esas experiencias, ¿no?
Sí. El largometraje se llama Puka Urpi. En español es Pájaro rojo. Yo quería… cuando estaba todavía haciendo estas series para el canal en Quito, yo ya tenía este proyecto, que era el año 2013, por ahí. Había idealizado querer hacer una serie de 12 capítulos y que cada capítulo dure alrededor de una hora. Quería hacer una serie de capítulos auto conclusivos. Cada capítulo contaría una historia oral o basada en una sabiduría que mi mamá o mi papá me había contado. Entonces quería hacer una serie un poco grande sobre eso. Primero dije, quiero hacer sobre historias orales y empecé a recolectar 12 historias orales que me había contado mi mamá y mi papá y los escribí como un resumen. Y como piloto quise grabar este que es Puka Urpi. Y así nació, pero vi que era muy complicado conseguir financiamiento. Era muy, muy, muy complicado y después ya finalizó el periodo de Rafael Correa que sí tenía más fondos para producción de cine, pues era mucho más complejo antes. Ahí pensé el proyecto, ya no como un piloto de serie, sino hacer un corto animado de 3 minutos. Entonces escribí, tenía escrito lo básico para un corto de tres minutos en la técnica de animación stop motion, después había una convocatoria que lanzaron para hacer cortometraje en acción real, aplicamos para hacer cortometraje. Aquí ya estaba trabajando con mis colegas, mi socio productor Jacobo Valladares a quien le conocí en la serie Hoy Cocino Yo y también hice Payanga. Con él adaptamos a corto de acción real y aplicamos, ganamos este fondo pequeño, que era de 8.000 dólares, creo. Y pues, con eso empezamos la preproducción, Jacobo me ayudó en afinar el guion, hacer scouting, armar la carpeta, me dejó sus equipos, pero se retiró antes de grabar con la idea de que el fondo rinda más, bueno, no se salió del proyecto, siguió y sigue apoyándome como productor en línea, no en rodaje para ahorrar gastos. Pero ese dinero se fue antes de iniciar. Se terminó solo entre hacer carpetas para buscar financiamiento, estar entre gente que quería apoyarme y luego no, como el fondo no alcanzaba para pagar lo ideal a quienes querían ser parte del proyecto, entonces se salían, pero pues por ese pequeño tiempo que estaban yo tenía que reconocer y el dinero se acabó, creo que sobró como 2 mil dólares para rodar. No me ha gustado aprovecharme de la gente, si estuviste, aunque sea un día, una hora apoyando en la película, aunque ese trabajo que tú hiciste en el corte final no salga, creo que siempre se debe reconocer. Y en los créditos también. Entonces yo fui pagando, por eso se terminó la plata. Dije, voy a aprovechar al máximo y contraté a los cabezas de equipo de los departamentos más primordiales. Contraté a un fotógrafo, a uno de sonido, alguien de arte y alguien de producción y asistencia de dirección. Como a cuatro personas creo que contraté, aparte de la actriz, que yo sé que tenía que pagar. Calculé esos 2.000 dólares para repartir de manera justa, decidí pagar por día y ni así me alcanzó para contratar por cinco días, tuve que buscar dinero por otro lado para pagar a la actrices y comida. Grabé con aparatos básicos, sin casi nada de parafernalias, con un equipo mínimo, pero más profesional. Se grabó pocas escenas, aún quedaban muchas escenas del guion. No sé cómo hice para justificar al final con el cortometraje. Pero después dije, tengo que seguir y empecé a grabar solo con mi familia, sin fondos.
Esta es una película familiar por esta razón. Me apoyó mi hermana, mi sobrino, todos. Y yo, yo hacía de todo. Volví a cómo inicié, haciendo solo todo. Ahora de manera un poco más, digamos, consciente y profesional. Pero al mismo tiempo, el proyecto fue tomando su propio camino, se alargó y se convirtió en largometraje, aunque empecé a tener como una frustración porque de alguna manera lo ideal, el proceso de realización del cine que te enseñan en la escuela y que además profesionalmente se manejan por departamentos, y que, al parecer, esa forma es la que la industria valida para tomar en cuenta una película. Yo no pude hacer eso y me frustraba. Pero tampoco tenía otro remedio porque no tenía plata, tenía que hacer esa película de cualquier forma.
Trailer: https://youtu.be/6G–Gh7fOy8?si=mz0zMHigycf2OKgL
Impresionante, no, para terminar un largometraje así. ¿Y esta en posproducción ahora?
Sí. Ahorita ya estamos en mezcla de sonido. Al final de este agosto ya se acaba, sí. Para esta etapa de postproducción tuvimos que realizar una campaña de crowdfunding, también aplicamos a una convocatoria de fondos nacionales y salimos favorecidos, por suerte, eso nos está ayudando para afinar la película. Pero sí ha sido un camino duro, con todo lo que te cuento, desde que inició el proyecto con el fondo de cortometraje en 2017, ya son varios años, ya son como 6, 7 años, 7 años. Me pregunto ¿cómo puede un proyecto alargarse tanto tiempo? Pareciera que no se ha parado de trabajar, pero ha pasado mucho tiempo. Hemos enviado a algunos espacios de Work in Progress y les ha gustado. La historia es simple, pero ha tenido un buen feedback.
Sí, cuénteme un poco de que va.
Como al inicio yo quise hacer un cortometraje en animación basada en una historia oral que habla sobre cómo los seres humanos trascienden en otros seres después de la muerte, pero cambió a un proyecto de acción real. Yo quería explorar más el lenguaje fotográfico poético, la iluminación natural y planos más contemplativos, como Kuychi Pucha que ves que tiene momentos de contemplación, no muy largas, pero tiene como más conexión poética a la naturaleza. En esta quería empezar con la cámara desde el suelo, el punto de vista naciendo desde la tierra como una planta. Y luego irme elevando poco a poco hasta terminar en el punto de vista de un pájaro, como el espíritu de la mamá fallecida mira a la niña a través de los ojos de un pájaro que la está cuidando. Entonces yo ya tenía concepciones de movimientos de cámara que requerían muchas herramientas, que costaban dinero. Grúas o helicóptero, y en ese momento aún no era muy común los drones, pues digo, ahora hubiera sido más rápido con un drone, más barato comprarme un drone por ahí y ya. (Risa).
Pero esta película con todas estas dificultades que hubo terminó siendo como una obra más documental. De hecho, en estos festivales de Work in Progress, ellos ven como el valor documental, siendo una ficción. Parece un documental, dicen, porque como la protagonista es una niña de 5 años, no tiene conocimiento de cómo es la actuación, pero se siente la conexión con la naturaleza y se siente muy íntima como el documental lo puede captar, pues tuve que decir cosas y aprovechar y captar momentos, así como un documentalista. Y no tuve tiempo de decir, ah, camina aquí porque la cámara se va a mover en un ritmo tal, nada de eso. Igual con la abuela que era otro personaje, entonces la película terminó siendo casi documental, con una propuesta fotográfica básica que creo que es aceptable, pero nunca lo quise hacer así. Estuve ahí intentado captar los momentos de la mejor manera posible.
Pero esto es una elección, no, un aprendizaje también y un logro enorme también, o sea, un largometraje de ficción.
Sí, al mismo tiempo, me di cuenta que cada proyecto va tomando su propio camino y uno tiene que ser flexible, dar lo mejor y ayudar que siga su propio rumbo. Si tienes dinero y tienes toda la parafernalia y a todos los departamentos, pues da lo mejor, igual aprovecha lo máximo para sacar el jugo, si no tienes, aprovecha igual de la mejor manera. Pero intenta contar la historia, no te quedes con la excusa de que no tengo dinero para hacer bien la película.
Ahorita estamos con un proceso de bordado frames porque la película también tiene una combinación con la animación bordada. Entonces nos metemos en un mundo de fantasía o imaginación de la protagonista, la niña, y nos metemos en el mundo de los bordados. Aunque me hubiera gustado que la mayor parte de la película fuera animada, pero solo es una pequeña parte. Justamente el bordado que ahora se está perdiendo, esa habilidad manual que antes había en las comunidades, ahora ya no se practica mucho. Quiero también como inmortalizar este arte para las futuras generaciones. Digo porque quizá la gente se olvide de bordar a mano, ojalá que no, porque ahora es más común hacer con máquinas computarizadas que son más rápidas y baratas. Intento inmortalizar ese momento que creo que era bonito. Y, pues, yo bordo igual. Sí, paso bordando, entre el computador y luego bordando, el computador, haciendo composiciones, el stop motion, etc.
¿Totalmente multimedia?
Sí, sí, se hace lo que se puede y lo que se debe hacer. Ahorita gracias a un fondo de posproducción, pues, ya pude contratar a un músico para que me haga la música original, un colorista, un diseñador de sonido que me… yo ya tenía el diseño de sonido, pero pues que me ayude más a afinar, pulir detalles técnicos, a hacerle más potente lo que uno intenta hacer. Estamos trabajando ahí, pues ahora paso entre reuniones y coordinando y… Los efectos especiales, igual, contratamos a otra persona que ya tiene experiencia en eso, ya no tengo que hacer yo todo.
Bueno, ya llevamos mucho tiempo, eh, me parece, sí. Entonces no quiero abusar tampoco tu tiempo. No, tengo una pregunta más y, luego, darte un poco de espacio y tiempo también para decir algo, cualquier cosa que tú crees que no se ha dicho. Mi última pregunta sería eso, no, ahora, o sea, terminando este largometraje, ¿cómo ves el futuro de tu cine? ¿Qué es lo que tienes como meta?
Ahora mismo quiero terminar esta película y pronto puedan ver más personas, quiero cerrar este proyecto porque sí tengo como una necesidad de abordar ya otro proyecto de largometraje. Aún estoy cuestionándome si quiero seguir en el camino de acción real o animación. A veces me planteo, quiero volcarme 100% a la animación porque, como te dije, desde el inicio siempre fue la animación la que sembró magia en mí, es la que aún más me llena el alma, me contenta más, ver los muñequitos inertes cobrar vida es una sensación única, siempre he soñado con la animación. Y siempre quise ver personajes indígenas o campesinas, personajes que comúnmente no ves en las películas animadas y quisiera lograr hacer una película con esos personajes y luego también mostrar al mundo. Mi idea es no quedarme aquí, sino lograr ir a festivales alrededor del mundo. Ojalá se logre ir a un festival grande por lo menos, pero, salir del país. Salir del país y que vean cómo esta diversidad de culturas que existimos enriquece el planeta y está bien. El bosque es más bonito, mientras más variedad de plantas y flores tenga, entonces yo creo que, quiero lograr que el mundo sea consciente de eso y que dejemos de seguir agrupándonos en grupos y defendiéndonos, peleándonos y, pues, seguir en la pelea. Eso.
Esta es una manera muy bonita de cerrar esta entrevista, me parece. Pero antes de cerrar la entrevista, ¿hay algo sobre tu experiencia que es importante anotar o decir que no hayamos tenido la oportunidad de hablar?
Quizá lo del Laboratorio Runacinema. Yo pasé como por varios grupos, organizaciones, varias agrupaciones enfocadas en el cine. Pero en todo estos, no he logrado funcionar por este pensamiento que tengo me parece, me he dado cuenta que casi la mayoría de las agrupaciones tienen esa concepción de defender el grupo ante los demás, como indígenas tenemos que hacer esto para dar, demostrar y así, dicen. A mí me ha chocado ese pensamiento. Pasé por Laboratorio Runacinema. De hecho, yo fui el que dijo entonces, si no va a ser así, no vamos a respetarnos, cerremos y se cerró. Después pasé a otra organización que no sé si escuchaste, quizá hiciste una entrevista porque mencionaste a Patricia. Está en Quito el colectivo de Acapana, que yo mismo hice el logotipo, yo mismo puse el nombre Acapana, porque yo pensé que tenemos que ser como una fuerza, como un torbellino para hacer el cine. Yo mismo lo conceptualicé, yo fui parte de ellos. No sé, quizá me equivoque, pero yo he sentido que las personas hablan mucho desde el ego y hablan mucho en palabras. Tienen unos discursos que llaman la atención de los demás, pero su comportamiento, su forma de ser como personas no van de la mano con lo que dicen, son totalmente distintos. Y eso me ha despechado y desde ahí yo he dicho, no, yo no… Ahora sí me doy cuenta que tengo que seguir mi camino solo, aunque tenga que desaparecer en la tierra sin hacer más cine.
Claro, pero sí que ha habido durante todo ese ese tiempo como un deseo de tu parte, también de intentar no hacer que algo funcione, ¿no?
Sí, siempre quise que nos ayudáramos. Porque, obviamente es complicado uno llegar a hacer una película solo y es difícil lograr trabajar, sin experiencia, en la industria de peces gordos, y si no logras trabajar cómo vas a tener esa experiencia, por eso dijimos, por qué no empezamos entre nosotros, aunque somos de aquí, todos inexpertos, pero podemos hacer algo, entonces para eso tenemos que unirnos con un solo objetivo. Pero en el grupo nos hemos encontrado con distintos intereses y compañeros que usan el cine como una excusa para gritar un discurso politizado, y eso está bien, pero yo quiero hacer cine. A mí, llámenme a donde sea, si van a hacer una película, yo puedo ayudar encantado en cualquier rol. Pero si es solamente para entrar en un poder político, a mí no me interesa eso. No me motiva. Yo sé que es necesario también, pero creo que debemos darnos cuenta que cada persona tiene una fortaleza, y las personas que tienen esa habilidad de discurso y sobre todo si le mueve ese mundo, pues esa persona debe estar en ese mundo, yo no soy bueno para eso, a mí las palabras me faltan. Yo puedo aportar desde la creación, solo me queda seguir produciendo desde donde se pueda, desde con quién se pueda. Y esa también es una forma de hacer política. Pues bueno, ahora sí nos encontramos con alguien más que podamos, producir, producir y producir, sería lo mejor. Porque creo que uno cuando habla del cine indígena o cine comunitario o cine de cualquier otro grupo, debe haber una variedad de producciones de distintas temáticas, distintos géneros, distintas técnicas, y con ello puedes sustentar el discurso que quieras plantear, pero ahora mismo no tenemos muchas producciones y por tanto son tesis que aún queda por materializar. Sobre todo me parece injusto que ahora se usa el término de cine comunitario para aprovecharse de las comunidades, quiero decir, he visto casos en donde a la gente de la comunidad o a uno mismo no se hace pagos justos y luego se justifica diciendo que la película es comunitaria, por tanto debemos hacer minga, y esa minga significa a veces trabajar sin sueldo, sin condiciones idóneas de un rodaje, y no porque realmente no haya fondo, sino porque se reparte en desbalance, a los técnicos que vienen de afuera de la comunidad se les da un sueldo grande, pero a los de la comunidad muy poco o nada. Eso es un abuso, seguimos como en las épocas del hacendado. Yo creo que sí debemos hacer minga para producir muchas películas, pero con respeto y justicia. Sino es como soñar, pero nunca hacer nada. Es como un sueño utópico. Es necesario hacer muchas películas, experimentar y hacer cosas distintas, salir del formato establecido. Cuando haya un número significativo de películas se podrá probar o estudiar teorías o discursos de cine indígena, si se quiere. Por ahora nos queda hacer mucho cine desde la sinceridad de cada uno. Y he dicho que, si me necesitan para hacer una película, yo estaré con gusto. Necesito hacer, hacer, hacer y hacer en esta poca vida que me queda. Por eso me he separado y ya no estoy en ningún colectivo, pero pues siempre estoy pendiente, igual intento como apoyarles si es que me lo piden. Pero a veces creo que, pues, como yo tengo otra concepción, igual ellos ya no me toman en cuenta. Sí.
¿Encontrar tu espacio, también, quizás?
Sí, además, porque siempre se ha hablado en los colectivos que justamente nosotros podemos apoyarnos y todo eso. Yo creo que he apoyado en sus producciones, muchas veces más allá del valor económico que se otorgue por el trabajo. En Killa, por ejemplo, solo se cobró una cantidad muy pequeña en comparación a otras personas de otros departamentos, porque la idea era justo apoyar la película que nació como Laboratorio Runacinema, se ganó un fondo y debíamos pagar a otra gente y otros costos de producción, estábamos conscientes de eso, y decidimos apoyar, aunque no nos alcance para un sueldo que normalmente se cobra. Y no, no es que esté reclamando, no, pero yo no sentí el mismo apoyo. En mi película estuve solo, incluso hice una campaña de crowdfunding y tampoco recibí el apoyo, ni apoyo de otras maneras como apoyos de trabajos técnicos. Ojalá me apoyen al menos asistiendo al cine a ver la peli y recomendando. Yo he asistido 4 o 5 veces al cine para ver la misma película de los colegas, por apoyar, y siempre recomiendo a los que pueda. Yo siempre estoy dispuesto a apoyar, si alguien me dice, no sé cómo editar esto, yo puedo decir, usa esta herramienta o haz de esta manera, apoyar en efectos especiales en computador, cosas sencillas obviamente, en la animación, el dibujo, si me dice de la fotografía o el sonido, iluminación o grip, si necesitan apoyo en asistencia de dirección o producción también lo puedo hacer. Aunque sea un apoyo básico. Pero si yo necesito a alguien que me ayude en la animación, la composición en After Effects, nadie aparece. Si necesito apoyo en eso, pues me toca contratar gente de afuera.
Y estás desarrollando algo por eso que es tuyo, me parece, ¿no? Que es de tu estilo, que es este aspecto multimedia y es eso también lo que te deja un poco solo, ¿no?
Sí, sí, por eso mismo, con esa necesidad de tener a otras personas que también estén en el mismo fluir, he estado haciendo varios talleres en otras comunidades. De hecho, talleres de animación, he intentado buscar poco a poco a gente que no han estudiado nunca animación o cine, pero me apoyan, me entienden un poco más y están dispuestos a aprender y sobre todo experimentar, a ellos puedo decir, hagamos esto y de una lo hacemos y ya es un gran apoyo. Lo que no encontré en los colectivos, entonces. Si yo decía necesito que me ayuden a bordar para la animación, no, es que yo no sé bordar, es que yo, es que…. Sí, ahora estoy intentando crear un propio grupo, no colectivo, pero sí un grupo de personas que…
Con capacidades, ¿no?
Sobre todo, que no tengan miedo a equivocarse, que estén dispuestos a experimentar cosas que no han hecho, pero que no tengan miedo. Incluso, a veces los errores se convierten en aciertos, en obras de culto que quedan para la posteridad. Y sí, creo que también falta mucha capacitación en distintas ramas del cine y…
¿Y ahí estás intentando ofrecer eso, no, o promover eso?
Sí, porque, claro, en los colectivos que he pasado, creo que nos faltaba aprender de más departamentos, no solo teóricos, sino en práctica. Yo sé que en el mundo industrial del Hollywood no es así, cada uno se especializa en una cosa, pero aquí en Latinoamérica y sobre todo en Ecuador y sobre todo en Otavalo, creo que es necesario que todos sepamos de todo.
Y, sobre todo para el tipo de cine que tú propones, por ejemplo.
Sí, porque uno no se puede limitar, no por un desconocimiento de algo tu proyecto puede quedarse separado y, pues, no podemos tener ese lujo de quedarnos esperando que venga a ayudarnos alguien especializado. Al menos así lo veo desde mi experiencia, a mí me ha tocado hacer de todo, yo mismo meterme a los efectos especiales, yo mismo meterme al sonido, yo mismo meterme a grabar folios, todo. Entonces, desde los espacios que pueda, intento compartir eso. Ahora mismo, con la gente que estoy trabajando vamos a organizar un taller en unas comunidades, intentamos llevar a comunidades que no tienen acceso a este tipo de arte, porque la gente de aquí, de la ciudad, ahora por las redes sociales y todo, de alguna manera tienen más conocimientos, saben más, tienen más acceso. Pero en las comunidades aún no. Para ellos a veces les nace una idea, pero lo ven imposible. Por ejemplo, la animación para ellos es totalmente inimaginable, eso acá ni pensar. Pero en los talleres que hacemos totalmente prácticos, se emocionan tanto al ver cada pequeño logro de algo que no pensaron posible. Desde el inicio voy como, ah, veamos, dibujemos cinco imágenes de distintos movimientos y luego les doy resultados, se mueven. ¿así nomás es la animación? ¡Sí, así no más es! Y los hago ver fácil y, obviamente es complicado, pero al inicio yo les intento hacer ver como muy fácil. Y a ellos les emociona y eso a mí me emociona también. Entonces hemos hecho bastantes talleres y ahorita vamos a hacer unos talleres justo en unas comunidades altas del páramo.
¿Y quiénes son ustedes que hacen los talleres?
Estamos entre Wayra Velásquez, ella es escritora y fotógrafa de cine, pero también ya está involucrada en la animación y le gusta. Otra es Coraima Ipiales. En general estamos más con mujeres, sí. Concepción Fuérez, que es mi hermana, también involucrada ya más en mi mundo. Es con quien ahorita vivo, ella es madre soltera. A ella, creo que la he obligado para que aprenda de todo lo de cine sin quererlo, quizás ella no lo quiera… A ella le ha tocado ser productora del campo, actriz, uy, de todo. Ahora estamos como moviendo proyectos y aplicando igual a fondos. Espero que también lo esté disfrutando como yo. Mi sobrino Kuri Fuérez también me apoya en todos los proyectos.
Acá están los perfiles RUNAnimation: https://segundofuerez.wixsite.com/segundofuerez/about-1
Muy bonito. Bueno, nada, muchas gracias nuevamente por tu tiempo, Segundo, te deseo lo mejor en tus proyectos futuros.